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Cuando piensas en la palabra “relación”, ¿a dónde te lleva tu mente?

Tal vez es tu relación con tu pareja. Tu ex. Tus padres. Tus amigos. Tus colegas. No hay duda de que estas conexiones dan forma a nuestras vidas y tienen una gran influencia en nuestras emociones y bienestar.

Trabajamos para construirlas, mejorarlas y perfeccionarlas a medida que cambiamos y crecemos.

Entonces, ¿qué hay de tu relación con la comida?

Si damos un paso atrás en las conexiones humanas que valoramos en nuestras vidas, podemos ver una compleja red de cómo nos relacionamos, identificamos y comprendemos el mundo que nos rodea que se extiende más allá de nuestra relación con las personas.

Para muchos de nosotros, nuestra relación con nuestros cuerpos y la forma en que los alimentamos es una lucha continua, y trabajar para mejorar este vínculo puede parecer una batalla un poco difícil. Si tu relación con la comida es conflictiva, no estás sola.

Sigue leyendo para conocer la visión sobre cómo construir una asociación con los alimentos que tu mente y tu cuerpo anhelan.

1. Crear una visión de tu futuro

Como en todas las relaciones, es valioso comenzar con una autoevaluación. La primera perla de sabiduría sobre cómo mejorar tu conexión con los alimentos es “pintar una imagen vívida en tu mente de la versión ideal de ti” y de cómo quieres que sea tu relación con los alimentos. Ella sugiere que te hagas tres preguntas importantes, “en tiempo presente”:

  • ¿Cómo se alimentará esa persona?
  • ¿Cómo se sentirá esa persona acerca de sí misma?
  • ¿Qué hábitos positivos tiene esa persona?

“Cada mañana, conéctate con tu visión. A medida que te encuentres con desafíos a lo largo del día, vuelve a conectarte con tu ser superior. Simplemente pregúntate, ‘¿qué haría mi yo ideal?”.

2. Empieza a ver los alimentos como energía

La comida no es sólo calorías. 100 calorías de almendras tienen un efecto muy diferente en tu cuerpo que 100 calorías de Oreos. Cada bocado que tomas afecta a tu energía, estado de ánimo, hormonas, sistema inmunológico y función cerebral.

Cuando se trata de elegir los alimentos correctos, cada uno de nosotros es único. Lo que es mejor para tu vecino puede no ser lo mejor para ti, y de la misma manera, lo que es mejor para ti hoy puede no ser lo mismo que hace tres años.

Empieza a prestar atención a cómo te hacen sentir ciertos alimentos. Fíjate en qué alimentos te aportan energía, en lugar de quitártela.

“Cambia el ‘no puedo tener’ o ‘no debería tener’ habla por algo que te redirija a preguntas más importantes. ¿Cómo quieres sentirte? ¿Cómo quieres aparecer hoy? Puedes sentirte cansada, hinchada y confundida por tus elecciones o puedes sentirte llena de combustible, vibrante, con energía y totalmente presente.

“Empodérate con tus elecciones. Al alimentarte con alimentos de mayor energía, puedes elegir la forma en que se presenta cada día”.

3. Apagar el piloto automático

Cuando se trata de examinar nuestra conexión con las elecciones de alimentos, muchos de nosotros vivimos en un estado de “piloto automático” y somos principalmente reactivos, más que proactivos, en nuestros desafíos.

“A menudo, estamos en piloto automático y buscamos alimentos sin pensar en ello en busca de comodidad o distracción. Es importante comenzar a tomar conciencia de lo que te impulsa a buscar comida cuando no es intencional. Cada vez que alcances la comida, pregúntate a ti mismo:

¿Tengo realmente hambre?

¿Qué es lo que me impulsó a buscarla?

“Si no es el hambre verdadera, busca formas no comestibles de alimentación en su lugar. Haz un té caliente. Toma un baño. Ve a dar un paseo. Llama a un amigo. Leer. Meditar. Respira un poco”.

4. Libera tu mentalidad de “todo o nada”.

“Bueno, ya me he comido una galleta, así que mejor que me coma todas las cosas y empiece el lunes”. ¿Te suena familiar?

“Recuérda que cada momento es un nuevo momento para elegir para tu futuro próximo. Si haces una elección que no está alineada con tus metas, libera tu juicio. Sé amable contigo mismo y trata de examinar qué te llevó a esa elección. ¿Qué estaba pasando para ti en ese momento? Toma conciencia, luego reconéctate a tu visión. Y comienza de nuevo”.

5. La perfección del comercio para “subir de nivel”

“Mira tus opciones de alimentos en un espectro. En lugar de centrarse en hacer que cada elección sea perfecta, pregúntate: “¿Cómo puedo elevar el nivel de esto? Elige un desayuno de proteínas de mayor calidad en lugar de una opción azucarada. Agrega vegetales a tu plato.

Cambia una barra de Snickers por chocolate negro. Cambia un cóctel dulce o una cerveza por un vodka soda. El aumento constante de la calidad a lo largo del tiempo conduce a transformaciones masivas pero alcanzables.

6. Identificar “alimentos sin frenos”

Puede ser que sea nuevo para ti el término “comida sin frenos”, pero definitivamente no eres nueva en el concepto. Son los alimentos menos saludables de los que no podemos apartar las manos.

“La comida sin frenos” se refiere a los “alimentos densos en carbohidratos, densos en calorías y pobres en nutrientes (como papas fritas, galletas, alimentos ultraprocesados u otros dulces) que una vez que empezamos a comer, simplemente no podemos dejar de hacerlo”.

Puede ser extremadamente difícil comer de forma consciente e intuitiva si estás consumiendo alimentos que podrían estar provocando antojos implacables.

Conócete a ti misma. ¿Qué alimentos comienzas a comer que siente que literalmente no puedes detener? ¿Qué alimentos te hacen sentir lenta pero los comes de todas formas? Considera tu relación con el azúcar procesada, las harinas refinadas, el gluten, el trigo o los productos lácteos. Mantén tus “alimentos sin frenos” fuera de la vista y de la mente.

7. Ten en cuenta sus indulgencias

Hablamos de las indulgencias de una manera refrescante y consciente. “Si vas a permitirte algo que puede no estar alineado con tus objetivos, ¡está bien! Haz una pausa, activa todos tus sentidos y permítete disfrutar plenamente de cada bocado. Crea un ritual ‘post-indulgencia’ para señalar a tu cerebro que la experiencia ha terminado. A veces, es difícil dejar de darse el gusto una vez que empezamos porque nuestro cerebro quiere que la sensación de placer continúe. Algunos actos útiles que me han ayudado incluyen tomar un té caliente, beber café o tomar un refresco”.

8. Desestresarse

Por último, el estrés interno y externo juega un papel en la forma en que abordamos nuestras comidas. “Comer en exceso o de forma impulsiva es a menudo el resultado de comer en un estado de estrés o de comer demasiado rápido. Antes de comer, trata de tomar algunos ciclos de respiración completa y profunda para permitir que tu sistema nervioso se calme.

Una de mis técnicas favoritas es la respiración ‘5-5-7’, en la que se toma una inhalación de cinco segundos, una retención de cinco segundos y una exhalación de siete segundos”. Esto puede ayudarte a ser más consciente de lo que te pones en la boca y si realmente quieres lo que está en tu plato o si lo estás usando como mecanismo de afrontamiento.

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